domingo, 7 de agosto de 2011

Segunda Parte

El Viaje

Tarde gris y muy fría. De esas tardes en las que no se ve mucha gente en las calles, y las cuales me vengo acostumbrando. Sabía que se pondría aún más fría pero desde mi asiento de la linea 152 no parecía tan malo.
Recorro la ciudad, esa ciudad que siempre me deja perpleja y que no puedo dejar de admirar. Ese paisaje que me lleva hacia el pasado, hacia años anhelados; a sueños lejanos que se pierden en el aire.Tal vez sea esa la causa de mi encanto.La esperanza de reencontrarme con ellos...

La última vez que visite la rivera, me remonta muchos años atrás, años de tizas y guardapolvo; pero la recuerdo intacta, alegre y siempre ese lindo sonido que la caracteriza.
Con miedo de perderme, me dirigí hacia el señor que manejaba el colectivo y le pedí que me avisara cuando llegaramos a destino. Pero a decir verdad, no hizo mucha falta que me avisara. La misma ciudad me iba mostrando el camino ( es curioso como muchas veces miramos sin ver, o vemos sin mirar), comencé a notar como las calles comenzaban a tomar otro color: ya no me encontraba con aquellos edificios lujosos, que llegan hasta las nubes; se transformaban en galpones abandonados, deteriorados por el paso del tiempo. Otros para disimular las grietas, son vestidos de color.
En ese momento me comencé a sentir entusiasmada y maravillada con lo cotidiano, con lo que para muchos sólo son calles, galpones o casas mundanas. Me remontan a  aquella frase de J.L.B: " HE DICHO ASOMBRO... DONDE OTROS DICEN COSTUMBRE". La cual comienza a identificarme...

sábado, 6 de agosto de 2011

El comienzo....

Con este tango que es burlón y compadrito
se ató dos alas la ambición de mi suburbio;
con este tango nació el tango, y como un grito
salió del sórdido barrial buscando el cielo;
conjuro extraño de un amor hecho cadencia
que abrió caminos sin más ley que la esperanza,
mezcla de rabia, de dolor, de fe, de ausencia
llorando en la inocencia de un ritmo juguetón.

Por tu milagro de notas agoreras
nacieron, sin pensarlo, las paicas y las grelas,
luna de charcos, canyengue en las caderas
y un ansia fiera en la manera de querer...

Al evocarte, tango querido,
siento que tiemblan las baldosas de un bailongo
y oigo el rezongo de mi pasado...
Hoy, que no tengo más a mi madre,
siento que llega en punta 'e pie para besarme
cuando tu canto nace al son de un bandoneón.

Carancanfunfa se hizo al mar con tu bandera
y en un pernó mezcló a París con Puente Alsina.
Triste compadre del gavión y de la mina
y hasta comadre del bacán y la pebeta.
Por vos shusheta, cana, reo y mishiadura
se hicieron voces al nacer con tu destino...
¡Misa de faldas, querosén, tajo y cuchillo,
que ardió en los conventillos y ardió en mi corazón.


Al abrir los pesados ojos, una imágen borrosa y un leve sonido que se transforma en melodia. Una guitarra,  piano y bandoneón...Y una voz chillona y sufrida, que narra en forma de versos sus pesares. Al mirar por la ventana, ver una gran sonrisa, la pequeña radio y mi abuelo pegado a ella; con sus ojos cerrados, anhelado quién sabe que.  Son mis primeros recuerdos, el primer contacto con la música, con la milonga.

Hay quien dice que el tango es Buenos Aires y quien que Borges es Buenos Aires mismo.

Caminando por aquellas calles, deteniendome para apreciar su arquitectura; algunas conservan ese misticismo, otras, modernas, ostentosas. Tantas veces habia recorrido esos caminos, esos paisajes, simplemente por gusto propio, por ocio. Nunca hubiera imaginado que mis pasos seguian otros pasos, de un tiempo ya lejano.
Sigo caminando para inevitablemente transportarme hacia otra época, una época en blanco y negro. Eran tiempos no tan modernos: no veia taxis, grandes departamentos,  ni asfaltos; simplemente las típicas casas bajas con sus patios y aljibes.
Eran años de cambio, de sueños. Por esos años nació un personaje que nos envolveria con sus poemas y metáforas sobre una ciudad mítica; una ciudad que ya no existe, pero que tocodavia se puede sospechar.
Nacido exactamente en Tucumán 840, entre Suipacha y Esmeralda (zona de Palermo), corría el año 1899.  Esa primera casa, de techos bajos y con un aljibe en el patio, funciona como un pretexto al que Borges siempre regresa (por ejemplo en el poema Buenos Aires 1899) para recordar "la vaga astronomía del niño" y también conjeturar esa Buenos Aires incipiente.Cuando la familia Borges regresa de Europa en 1921, se instala en una casa ubicada en Serrano 2147, ubicadas entre las actuales Scalabrini Ortíz, Córdoba, Juan B. Justo y Nicaragua.

Sigo mi camino, tratando de imaginar como serian aquellos años, tan distantes ahora. Pensando en aquella mitología barrial" de guapos, orilleros, esquinas y rincones, que construyó através de escritos como: El hombre de la Esquina Rosada, El Sur, El puñal o El Aleph. Por medio de sus palabras se puede viajar hacia una Buenos Aires, real o ficticia. La Buenos Aires de Borges: Una ciudad construida con palabras ha reemplazado a otra hecha de imágenes-no necesita de imágenes estan en su mente, en su puño- ,en los cafés ya no se reúnen amigos a leer poesía, a debatir; los cines han sido ocupados por sectas y predicadores delirantes. Supo convertir a cuchilleros en héroes que se enfrentaban a traidores.

Borges decía que, pese a los años pasados en Europa, los de su formación, él siempre había vivido en Buenos Aires. Claro que se refería a su Buenos Aires, a su invento.

Dicen que la música alegra el corazón. Tal vez sea una frase armada pero muchos basan sus vidas, sus historias en ella, en la música. El Tango: nacido en una época naciente, de raíces humildes. Una mujer, la noche, aquel Buenos Aires, los malevos; ese misticismo que lo rodea y lo ha hecho tan famoso por todo el mundo. Ni el mismo Carlos Gradel hubiera imagino hasta que rincones inóspitos llegaria su amada melodía.
Muchas veces el tango y Borges van de la mano; tal vez sin querer.  Y se hacen de Buenos aires. El tango busca las historias de los hombres y mujeres, de la acción que transcurre en la ciudad y sus laberintos, en la ribera; también es donde Borges inicia su baile de letras. Ambos: música de tango y literatura de Borges van juntos los dos, como dos que se quieren y se desquieren, todo depende de la hora. Y de los inmigrantes que entren en esas músicas del bandoneón y de las palabras escritas.
 Tanto Borges como el tango se amparan y habitan el mismo lugar, un no lugar, un no tiempo : ya sea que este leyendo El hombre de la esquina rosada o escuchando un tango; sin importar en que lugar del mundo se encuentre o en que época. Ambos poseen la habilidad de transportar a sus destinatarios a la ciudad del baile, del malevaje, de los arrabales de la  Buenos Aires del 1900.

Deteniendome en las fotografías de los arrabales de aquellos años, de fondo escucho a la guía que nos cuenta una anécdotas sobre ellas: Los guapos y malevos de los que se jactan, son personajes reales que Borges conoció en su juventud. El caso de Nicanor Paredes es uno de los más interesante.En realidad se llamaba Nicolás Paredes, un caudillo y caid del barrio de Palermo a quien Borges recurrio como fuente de información para escribir su vida de Carriego.
En una de sus entrevistas comentaba que cuando escribio "El hombre de la esquina rosada" lo hizo pensando en Nicolás Paredes; el acababa de morir. Escribía cada frase y trataba de encontrarle la misma entonación.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Notas sobre Cosmopolis

Una hermosa tarde, con frio pero con los ingredientes justos para recorrer la ciudad. Mientras transitaba por aquellas angostas y sombrías calles, donde el sol no llega a asomarse; para ello  debe luchar con los enormes guardianes . La ciudad posee un sin fin de opciones para deleitarse con su historia. No solo sobre ella sino a cerca de los grandes personajes que la representan. Una de esas alternativas es Cosmopolis.
 Pero antes de llegar a la Casa de la Cultura en donde se encuentra la muestra, una parada obligada es la Plaza de Mayo. Para quienes transitan poresas calles es común esa postal, pero para otros que son visitantes, el paso por esa rotonda  es casi obligada. Me detuve, simplemente a admirar aquella escena , como si observara una pintura, una fotografía.
 El aire nos envolvia de argentinidad. No solo por aquellos edificios emblemáticos e históricos, sino precisamente por sus actores del momento: los turistas con sus camaras, los que luego de finalizar la jornada laboral emprenden viaje, y los que simplemente deciden admirar la historia un poquito más de cerca; junto con los que buscan hacer historia, reclamando firmemente lo que les corresponde, como es el caso de la lucha de los ex combatientes de malvinas.
Tarde en llegar... me perdi. Los edificios que lo rodean son similares: antiguos, con  entradas imponentes; sin dudas un deleite para los admiradores de los edificios con historia.
Finalmente me encontraba en la entrada de la Casa de la Cultura. Un edificio de fachada antigua, con enormes escaleras  y sus puertas de madera, que al atravezarlas ya se podia percibir  la historia en el aire. Una vez dentro ,y al observar la arquitectura del lugar da la sensación de estar en otra época,puesto que conserva una ambientación antigua: las puertas, la recepción; la cerámica del suelo pareceria graáfito, la cual forman imágenes y en el centro  escrito LA PRENSA.
 El edificio fue ideado por José C. Paz, fundador del diario La Prensa. Hacia 1900 ya se lo consideraba, por calidad técnica, nivel informativo y tirada, uno de los más importantela bibloteca infinita y ls del mundo.  En 1993, fue adquirido por uno de los grupos económicos más poderosos de la Argentina. Ese mismo año, el Gobierno de la Ciudad alquiló el edificio. Desde entonces la Casa de la Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires funciona en la antigua sede del diario.
Al llegar ya se encontraban varias personas a la espera de poder visitar la muestra. Debiamos  esperar porque se encontraban filmando. Cuando pudimos descender al subsuelo, en donde se encuentra las muestra, inmediatamente uno se aisla del afuera, de la ciudad, del ruido, de los taxis y la gente; de ese modo poder apreciar al máximo su significado. Lo primero que uno se encunetra es un absoluto silencio que rodea el lugar. De fondo, lo que pareceria ser el silbido de un hombre.
La muestra cuenta con 150 fotografias y 7 piezas audiovisuales sobre el camino literario de Borges. El recorrido cronológico cuenta con : Fundacion mítica, fervor Buenos Aires, el sur metafísico, la ciudad transfigurada, el heresiarca canonizado y cosmopolis.
La obra gira entorno al escritor y su eterna relación con la Ciudad. Incluye fotos históricas en blanco y negro de la familia del autor y citas de su obra, en las que describe a la Ciudad. Hay videos históricos y artísticos que interpretan sus poemas.
Algunas de esas fotografías corresponden a las casas bajas, las famosas casa bajas de Palermo. Obviamente tuve que leer debajo de ellas para saberlo. No lucian como en la actualidad, esos enormes edificios lujosos, al contrario, se parecian más a cualquier casa humilde de las provincias del norte. La guía nos comentaba que por esas calles transitaba Borges " en busca de un aura fugitiva" explorar el aura de sus calles, en busca de inspiración. La llamaba "ciudad blanca" por sus casas bajas, con patios y zanjuanes.

"HE DICHO ASOMBRO...DONDE OTROS DICEN COSTUMBRE" J.L.B

 En un cuarto aparte, tres espejos y pantallas de video crean el sentido del laberinto de “La Biblioteca de Babel” . Como Buenos Aires fue una influencia enorme en la vida y la obra de Borges, él también ha dejado su marca en la cultura de la Ciudad y en la literatura del mundo.

A lo largo del recorrido se presentan fotografías y grabaciones de amigos y personajes que lo acompañaron : Macedonio Fernandez, Escasinos Assens, Alejandro Xulsolar, entre otros.
Tiene un lugar especial la Ciudad en su vida, la cual es representada a traves de unas enorme pantalla, con imágenes de la ciudad de aquella época.
Otro lugar destacado, son las fotografias de los viajes que realizó por el mundo durante sus ultimos años, acompañadas por los pensamientos que le generaban en ese momento: el desierto, atenas, el templo de poseidon, la diosa galica, y un apartado sobre los sueños.
Estaba por irme, cuando descubri un pequeño cuartito. En el cual se encontraba una pequeña tele con unos auriculares. En el se proyectaba imágenes de arrabales,como si fuera una especie de cortometraje  de épca, en la cual sus actores eran: la ciudad, el baile y las peleas en donde se empeñaba el cuchillo y se era malevo. Al compas de la música , de fondo se escucha a Borges recitando su poema TANGO. 
Sin lugar a dudas una gran exposición, que debe ser visitada más de una vez.

martes, 26 de julio de 2011

Proyecto Narrativo : Imágenes de la primera visita la exposisición de Cosmopolis...



campamento de los veteranos de guerra, luchando por su reconocimiento.



fotografías de las casas bajas de la zona de palermo de aquellos años.





martes, 19 de julio de 2011

Proyecto narrativo...

Hola!Buenas... Comento que recien estoy un poco más de lleno con el proyecto narrativo, ya que estas semanas estaba con finales.
Por lo que pude ir leyendo de varios compañeros, considero que estamos todos más o menos en la misma situación, empezando a descifrar cual va a ser la orientación del proyecto.
Durantes estas semanas estuve pensando cual seria la orientación de mi proyecto, se me ocurrieron varias ideas que con el paso de los días quedaron en eso, solo ideas. Con lo cual para ordenarme un poco lo primero que me plantie fue si haria una crónica o un texto narrativo. Tomando los trabajos realizados durante el primer cuatrimestre, realmente disfrute mucho la visita al espacio cultural; narrar lo que habiamos visto y vivido. Una vez que decidí que haria una crónica, comence a buscar espacios interesantes y que me  inspiraran a escribir. Estuve buscando en internet,  y encontre una muestra que ofrece la Casa de la Cultura:  "Cosmopolis, Borges y Buenos Aires" es una instalación audiovisual que recorre la obra del escritor y su relación con la Ciudad. Realmente me llamo la atención como plantean la relación de sus escritos con la ciudad... No se si estoy bien orientada, si es fructible, por eso escucho opiniones.

domingo, 12 de junio de 2011

El Viaje

  • Narración a partir de la visita al evento cultural.


Desde lo alto se podían ver las nubes. Jamás había contemplado el cielo desde tan cerca. Tampoco era como de niña imaginaba que serian, hasta soñaba con ellas, con el poder tocarlas, tenerlas en sus manos. Recordaba, que de niña su madre le contaba que tocar las nubes era como si tocara un pedacito de algodón, tenía esa sensación suave y esponjosa. Se pasaba horas y horas recostada en el jardín de su casa, sobre el pasto húmedo, solamente para observar en lo alto esas inmensas nubes. Imaginaba formas y pensaba que algún día llegaría hasta ellas. Siempre guardó grabada en su mente esa sensación de suavidad. Anhelaba poder comprobar si lo que su madre le había contado era verdad.
Después de tantos años, por fin podría comprobar esa sensación. Claro está, que habían pasado los años, y ya no poseía esa ingenuidad e inocencia propias de la infancia. Todo era nuevo, una travesia. El hecho de dejar en tierra todo lo que era importante para ella.
Jamás había estado mucho tiempo separada de sus afectos, de su madre y su hermano, ellos eran todo para ella. Por lo cual, esta seria la oportunidad para estar por su cuenta, de estar sola y poder crecer. Sabía que sería difícil, pero también que el resultado valdría la pena. Tampoco quería pensar demasiado en ello, porque tenia la sensación de que si lo hacía, inmediatamente daría la vuelta y volvería con ellos. Todos esos pensamientos dando vueltas por su mente. De repente, siente que alguien toca suavemente su hombro. Al levantar la mirada observa a una rubia alta que le sonreía; mientras observaba el movimiento de su cara, de forma chistosa, quería reírse, pero luego se dio cuenta que algo importante le decía. Desprende de sus oídos los auriculares del mp3, y le pregunta que es lo que le habia dicho.

* Señorita le queríamos informar que en unos segundos llegaremos a destino. Por favor le pedimos que se ponga el cinturón de seguridad.
* Ok, disculpá. No te había escuchado – le responde - , estaba con los auriculares, muchas gracias.

Ya en tierra, miraba a su alrededor, desconcertada. Las personas corrían con miles de valijas para llegar a tiempo y no perder su vuelo. Unos iban, otro volvían.
Se tomo un momento para observar a los empleados de la cafetería del aeropuerto. Quería apreciar cada detalle. No le hizo falta mucho tiempo para darse cuenta que ya no estaba en su hogar, en su tierra. Con sus valijas llenas de recuerdos y esperanzas logró llegar, no sin esfuerzo, hasta las enormes puertas que daban a la salida. Una vez afuera, el sol encandilaba sus ojos. Debía de hacer poco más de 25º, un lindo día primaveral. Hacía mucho tiempo que no veía un sol tan grande y brillante. Sería porque en la otra punta del mundo, en la cual vivía, desde hacía meses solo tenían días de lluvia y viento, nubes y frío.
Cuando cruzó las puertas del aeropuerto, se asombraba porque parecía un mundo totalmente distinto al que se vivía dentro del mismo. No se observaba gente corriendo por todos lados. Solamente habia seres que caminaban de forma distendida entrando a las pequeñas tiendas aledañas al aeropuerto. De repente observa que un hombre robusto, de grandes bigotes (similar a su tío, del cual siempre se reía por su apariencia de dibujo animado) se le acerca. Al principio, ninguna de las palabras que le decía le resultaban familiar. Hablaba raro, en un idioma desconocido para ella. Entre ese mar de dudas solo pudo comprender una palabra: “taxi”. No supo que fue lo que le había dicho previamente, pero pudo darse cuenta que ese hombre era un taxista, y presuponía que le estaba ofreciendo llevarla a destino. Con un francés improvisado intentó comunicarse con él. Sacó de su bolsillo un papel viejo, arrugado y roto que decia: Bernard Arbier, y una dirección. El hombre comprendió que ese era el destino de su viaje. Le sonrió, expandiendo las grandes arrugas que surcaban su rostro y tomo sus valijas con el fin de guardarlas en el baúl.
Durante el viaje en taxi, observaba el paisaje; las grandes y antiguas plazas, los enormes edificios, las personas que caminaban en las calles, todo. No quería perderse nada, todo era nuevo para ella. Sentía lo mismo que cuando era chica y sus padres la llevaban a pasear: ansias de conocer. No sabía que era lo primero que haría, que lugares visitaría. Había tanto por ver y recorrer, tantas personas nuevas por conocer. Sentia que ya nada era lo mismo, incluso el aire que rozaba su piel. Esa gran ciudad parecía tan avanzada, tan moderna, algo que hacía que su país pareciera arcaico. Al fin de cuentas no le importaba. Llevaba su patria en la sangre, esos hermosos y gratos lugares que tan felíz la habían hecho. Sus costumbres, sus amigos, y por sobre todo su familia.
Mientras ella observaba el paisaje sentía la mirada del taxista desde el espejo retrovisor. Como no dominaba bien el idioma solo se limito, con muchos nervios de no equivocarse, a preguntarle si conocía el lugar y si faltaba mucho tiempo para llegar. El taxista se dió cuenta de que era extranjera, y devolviendole la mirada por el espejo retrovisor le dice que solo quedan unas calles más. Con lo cual, aprovechó el resto del viaje para preguntarle quien era, cual era su lugar.

* Florencia es mi nombre – le dijo- vengo desde Argentina. Llegue a través de un intercambio estudiantil de la universidad de Buenos Aires, pero mi estadía es solo por cuatro meses.
* Que bien – responde el taxista- es una gran oportunidad. Es una bella ciudad para aprender muchísimas cosas. En pocos dias tu francés mejorará, tan solo por hablar con la gente de aquí.

En ese momento, y para asombro de Florencia, habían llegado a destino. Una pequeña casa rústica, típica de la ciudad, con grandes ventanales antiguos, de color oscuros, esos de los que no se pueden ver de afuera hacia adentro, pero si a la inversa. Un enorme jardín delantero que daba la sensación de que esa casa era habitada por un amante de las flores y las plantas. Plantas exóticas, de todos los tamaños y colores, que ni siquiera Florencia se imaginaba que existían. Todo el lugar tenia un hermoso y dulce aroma perceptible desde lo lejos.
En la puerta de la casa aparece un joven. Alto, de tez trigueña y grandes ojos miel. Se quedo mirándolo, tratando de calcular su edad. El único resultado al que llego fue que tendría casi su misma edad. Junto a él se encontraban sus padres. Un hombre serio, de seño fruncido y pipa en mano. La primera impresión fue de susto, por no saber con que se encontraría. No duro mucho, en pocos segundos se esfumaría, ya que fue él el primero en recibirla con un abrazo afectuoso. La madre, una señora de apariencia amable, muy risueña y de imagen acogedora, tambien se acerco a recibirla. El joven no duda en seguirlos y se presenta. Era Bernard, el muchacho que había contactado desde Buenos Aires para que pueda hospedarse en su casa. Sin dudar, presenta a su padres. Ella Elizabeth y el Rupert. El taxista deja las valijas junto a ella y un número telefónico por si en algún momento desearia realizar un recorrido turístico por la ciudad.
Al entrar en la casa, Elizabeth le muestra las habitaciones para que se familiarice. Decorada al estilo romántico, con flores en cada rincón y muebles antiguos que la añejaban aun más. En los pasillos podía observar cuadros con fotografías familiares, tanto actuales como antiguas.
Su habitación no era muy distinta a las demás, poseía ese toque romántico de las flores y los cuadros. La única diferencia era que en las paredes había siluetas de cuadros que ya no estaban. Observa detenidamente la habitación, y descubre que en realidad no es tan parecida a las demás. Siente que alguien más había estado alli no mucho tiempo atrás. En los muebles había pulseras, collares, revistas y discos desparramados. Objetos que no creía que pertenecieran a la madre. Sin darle más importancia de la necesaria, comenzó a desempacar sus cosas.
Tiempo después, Elizabeth toca su puerta para llamarla a cenar. Baja las escaleras, nerviosa. Eran personas nuevas, no los conocía, no sabía qué era lo que le podian preguntar. Sin dudas estaba feliz de haber llegado hasta allí. En el comedor todos estaban sentados, esperándola. Sobre la mesa, la cena. Algo similar a un pollo o un pavo, y los más diversos vegetales. Florencia, acostumbrada a la comida rápida y al delivery, típico de la ciudad, no vio su cena con demasiado entusiasmo. Sabia que el hambre que sentia después del largo viaje, le haria comer cualquier cosa sin importarle. Para su asombro, el pavo le resulto bastante sabroso, sin darse cuenta habia dejado limpio su plato.
En medio de la cena Bernard hizo de interlocutor, ya que dominaba bastante bien el castellano. Le preguntaron por su viaje y que le parecía todo lo que había visto. Florencia comentaba que había tenido un largo viaje, casi eterno, y que estaba fascinada con todo lo que había visto hasta ese momento.
Estaba ansiosa por empezar a recorrer la ciudad, empezaría al día siguiente, ya que tendría que ir a la universidad para realizar los trámites para comenzar a cursar. Florencia estudiaba desarrollo internacional, al igual que Bernard, con lo cual serian compañeros.
Esa noche, charlaron durante horas. Bernard le contó que con un grupo de amigos estaban organizando un club cultural, donde se podrían realizar diferentes actividades, tanto culturales como recreativas. A pesar de disfrutar cada segundo de esa charla, decide, casi a la fuerza, ir a descansar. La mañana siguiente sería larga y ajetreada. A punto de dormir en su nueva habitación, seguía sin creer que finalmente estaba allí, en esa ciudad inmensa, llena de sueños.
A pesar de su felicidad, sentia en su interior que estaba sola, que sus afectos y sus amores le hacían falta. Sabía que sería difícil, pero valdría la pena...