domingo, 7 de agosto de 2011

Segunda Parte

El Viaje

Tarde gris y muy fría. De esas tardes en las que no se ve mucha gente en las calles, y las cuales me vengo acostumbrando. Sabía que se pondría aún más fría pero desde mi asiento de la linea 152 no parecía tan malo.
Recorro la ciudad, esa ciudad que siempre me deja perpleja y que no puedo dejar de admirar. Ese paisaje que me lleva hacia el pasado, hacia años anhelados; a sueños lejanos que se pierden en el aire.Tal vez sea esa la causa de mi encanto.La esperanza de reencontrarme con ellos...

La última vez que visite la rivera, me remonta muchos años atrás, años de tizas y guardapolvo; pero la recuerdo intacta, alegre y siempre ese lindo sonido que la caracteriza.
Con miedo de perderme, me dirigí hacia el señor que manejaba el colectivo y le pedí que me avisara cuando llegaramos a destino. Pero a decir verdad, no hizo mucha falta que me avisara. La misma ciudad me iba mostrando el camino ( es curioso como muchas veces miramos sin ver, o vemos sin mirar), comencé a notar como las calles comenzaban a tomar otro color: ya no me encontraba con aquellos edificios lujosos, que llegan hasta las nubes; se transformaban en galpones abandonados, deteriorados por el paso del tiempo. Otros para disimular las grietas, son vestidos de color.
En ese momento me comencé a sentir entusiasmada y maravillada con lo cotidiano, con lo que para muchos sólo son calles, galpones o casas mundanas. Me remontan a  aquella frase de J.L.B: " HE DICHO ASOMBRO... DONDE OTROS DICEN COSTUMBRE". La cual comienza a identificarme...

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