Jueves por la noche, una noche que prometía ser la gran agasajadora de una nueva visita al CCM; es curioso, ya que, no se observaba en las calles la misma cantidad de personas caminando y encontrándose, como es característico de los viernes en el comienzo del fin de semana, del descanso y el ocio. Pero a diferencia del viernes de fiesta creo que el jueves por la noche es más propenso al encuentro con amigos, distenderse del trabajo y los problemas diurnos.
Por primera vez, fui la primera en llegar, suelo no ser muy puntual, pero en esta ocasión estaba tan ansiosa de llegar a Matienzo, no quería perderme el inicio del evento al que asistiríamos. Debo reconocer que no fue en vano el hecho de llegar temprano, ya que pude observar detenidamente el contexto que rodea a Matienzo, algo que no había hecho en la anterior visita. Para empezar, lo más notorio que distingue a Matienzo del resto de las casas de la cuadra es su fachada, el frente de la casa; en contraste con el blanco de las casas aledañas, ésta se encuentra totalmente decorada con dibujos similares a los grafitis, algo muy original y llamativo, lo cual genera en uno, lo que el lugar busca, la curiosidad y finalmente entrar y descubrir lo que el CCM tiene para ofrecer.
Otra de las observaciones que pude realizar mientras esperaba a mis compañeros, era la llegada al lugar de varias personas, pero no parecían que esa fuera su primera visita, sino hasta habitúes del lugar, como si allí se diera la cita de encuentro de varios amigos.
Finalmente llegaron mis compañeros y decidimos entrar. En principio decidimos visitar la muestra de cuadernos con la cual estábamos realmente intrigados, ya que cuando la vimos en la página del sitio como una de las actividades de la noche, nos llamo la atención como seria la temática de la misma. La cual nuevamente, como en la anterior visita, no coincidió con lo que había imaginado que sería. Me resulto interesante el hecho de encontrar una habitación con las paredes forradas, en lo que serian unos bosquejos de dibujos, escritos, hasta retratos de personas; algunos más prolijos, otros más improvisados, pero todos con una idea surrealista y libre. En ningún lugar describía ni explicaba sobre que trataba la exposición, ni lo que estaba viendo, con lo cual pensamos que sería el solo hecho de conocer los trabajos y darle una libre interpretación.
Luego de ello decidimos ver si había otro evento en la terraza, y nos encontramos con otro mundo. Personalmente me sentí como si hubiera entrado en la casa de un vecino sin previo aviso; fue raro, porque había muchas personas conversando y cenando, pero percibido desde afuera daba una sensación de que todos se conocían entre sí, con lo cual se notaba demasiado que nosotros éramos los nuevos, como si fuéramos turistas. Rápidamente se me vino la imagen de estar en medio de una gran reunión de amigos, en la cual Matienzo es la cita obligada de los jueves. Sensación que fue percibida no sólo por mí, sino también por los chicos que estaban trasmitiendo en vivo, el programa de radio “La Colmena”. En el programa, daban una pequeña reseña sobre el público característico que cada noche asiste al CCM: los lunes son más formales, los miércoles es noche de hombres, y efectivamente, los miércoles la cita de amigos.
Mientras esperábamos ver el evento de la noche, una banda francesa, decidimos relajarnos y disfrutar del lugar. De pronto, se nos acercó una chica con un acento raro, consultándonos a cerca de lo que le habían dado en la entrada, sobre la consumición que daban junto con la entrada. Parecía desorientada, perdida; la invitamos a sentarse con nosotros y nos comentó que debía encontrarse con sus amigas en Matienzo, pero no las encontraba y no podía comunicarse con ellas. Inmediatamente nos dimos cuenta que era extranjera, ya que le costaba hablar en español.
Su nombre era Erika, nacida en Canadá, EE.UU; había llegado en febrero a Argentina, a través de un intercambio impulsado por la Universidad. Llegó para estudiar Desarrollo Internacional y entre otras materias también español, su estadía termina en junio. Nos comentaba que, uno de los objetivos principales de su viaje era poder conocer personas y poder entablar una charla para perfeccionar su castellano.
Finalmente cuando mi reloj marcaba la medianoche, comienza a sonar la banda, mientras comienza a llenarse el lugar. Una banda cuya peculiaridad era su vocalista principal, una pelirroja, cuyas canciones eran en francés; más allá de no entender que es lo que decía las letras de las canciones y, a través de las mismas, lograba transportarte hacia un lugar desconocido y familiar al mismo tiempo.
El poder sentirse, como si uno estuviera realmente en cualquier bar bohemio de los suburbios de la gran Francia, pero sin la necesidad de tener que viajar, uno lo puede descubrir con tal solo cruzar la vieja puerta de la casona de la calle Matienzo 2424.
Griselda,
ResponderEliminarEn el texto se te percibe muy entusiasmada con el espetáculo y el espacio en el que están trabajando, me alegro!
Me pareció interesante este pasaje: "Luego de ello decidimos ver si había otro evento en la terraza, y nos encontramos con otro mundo. Personalmente me sentí como si hubiera entrado en la casa de un vecino sin previo aviso; fue raro, porque había muchas personas conversando y cenando, pero percibido desde afuera daba una sensación de que todos se conocían entre sí, con lo cual se notaba demasiado que nosotros éramos los nuevos, como si fuéramos turistas."
También me llamó la atención el encuentro con Erika, que narrás hacia el final. Me parece que en estos dos momentos del texto tenés lugares desde donde pensar acerca del viaje. Pueden servirte como disparadores para trabajos que se van a venir más adelante.
Te recomiendo, nuevamente, que releas el texto y revises su superficie.
Saludos!
Emilia